
Soy un hombre de otoños
De damas grises
De damas rojas
Y cobrizas, de sonrisa boscosa;
Pálido y de ramas secas
Su cabello
O trigo y oro
Y pies descalzos
Soy un hombre de otoños
Me gustan las raíces
Las papas y los hongos
Me gustan el té y los pasteles
Y los labios de las mujeres
Si son rojos y caprichosos
como fresas silvestres en la mañana
La redondez de su vientre
Imaginar licor de anís corriendo por sus muslos
Largos dedos escondidos en mis cabellos
Mientras me besan
Mientras me exploran
Corceles de fuego perdidos entre mis selvas
Atrapados en los sueños
De un bardo sin cabeza
Soy un hombre de otoños
Rindo culto a las madejas
Y a las hojas que no caen
A la Dama de la Luna
Y las agujas de luz
Que cosen los cantos plateados
De las ninfas del verde lago
Soy un hombre de otoños
Soy un adorador, lo confieso
De los bucles y caireles
Retorcidos, sibilantes
De las ruinas antiguas del mundo
Que se alzan vacilantes
Y de los nobles cerezos
Tengo por séquito a Dios
Él es mi don y mi auriga
Pues no soy nadie sin Él
Y mi loto lo testifica
Soy un hombre de otoños
Me río de popes y papas
¡Sí claro, vicedioses!
De sus barrigas insanas
De mugre, ratas y perversiones
Me río de los que creen que gobiernan
Con nudo triste en la corbata
Me río de los que creen que es eterno
El ruidoso poder de su arma
De los que creen en la pólvora y se guían
Por brújulas sin norte ni aguja
Soy un hombre de otoños
Soy de Atenea
Y de Afrodita
De mi Señora Artemisa soy
Soy un ciervo, un ciervo alado
Soy un gato y un halcón
Mis ojos ciegos ven a través
Del corazón de los espejos
No tengo tiempo
Ni tengo espacio
El infinito a mí gobierna
Hay grabada en una de mis piernas
La palabra del amor
¡Árbol mío, oh castaño,
Sostenme fuerte y no te caigas!
Que recio es el temblor del mundo
Soy un hombre de otoños
¡Ay, mi rizado susurro,
Ay, mi marina cenefa!
Si fuera un buen alquimista
Si fuera un grandioso poeta
Trocaría el oro del mundo
Para ti tan sólo en poemas
Pues soy al fin un otoño
Que por ti se vuelve primavera
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