¡Que se abra el telón! Hace algún tiempo, la soledad llenó mi vida. Perdí a mi preciosa Diana y todo era polvo y sombras, todo parecía perdido, pero entonces, de la tierra más lejana cayó una estrella en mis mares. Una niña pequeña que se convirtió en mi princesita en menos de una hora. ¿Recuerdas, Nati hermosa, las brujas en el tejado y los bosques de maceta?
En verdad fuiste tú quien me recordó que había un mundo detrás del mundo y, con tu ojo mágico, que las hadas vuelan hasta en los rincones más silenciosos entre los platos de cereal con leche.
Mi amada Nati ¡cómo te extraño! ¡Cómo me haces falta! Pero estás conmigo en cada letra, en cada suspirar del viento. Sinceramente, yo nunca dejaré de amarte, no puedo. "Estamos cosidos a la misma estrella"
Vamos pues, princesa de Praga, a soñar juntos con nuestro mundo, y entre sueño y sueño, verás como brota de la semilla que aquél día me confiaste, el capullo de un hada azul, que nos contará cuentos todas las noches, que nosotros contaremos a otros niños para que sus sueños los lleven a aquel país de maravillas que tanto hemos recorrido.
Tu varita mágica aún te espera en mi casa. ¿O seré yo quién cruce el mar para que la tengas entre las manos?
Mi pequeña sobrina, nunca olvides a este pobre bardo que se deshace por ti. Crece hacia arriba y nunca, de verdad nunca, olvides mirar hacia abajo, como la Virgen que te cuida cuando vuelas por los cielos.
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